El Renacimiento del Barrio Comercial
- Joaquín Acevedo

- 30 sept 2025
- 7 Min. de lectura
¿Por qué es mejor comprar en el Barrio Comercial?
¿Dónde compraríamos si cerraran todos los Malls? A pesar de que esta parece una pregunta sacada de una película de ciencia ficción, es una crónica de una muerte anunciada. En Estados Unidos no se construyen más centros comerciales y cada año se cierran más y más Malls. El centro comercial está en descenso. Pero esta es una gran oportunidad. Aquí hay un camino muy interesante para recuperar el modesto barrio comercial y volver a integrar el formato de compra predominante que se da en Europa y otros países menos norteamericanizados, donde siempre ha existido una gran cantidad de barrios comerciales y avenidas con recorridos al aire libre que priorizan al peatón por sobre el automóvil, todo lo contrario al clásico Mall, que en su esencia más básica, no es más que una colección de tiendas no permeables a la ciudad y con escaso comercio local.

Reactivar los barrios comerciales y la economía local puede traer enormes beneficios para nuestra calidad de vida, tanto personal como en sociedad. Rescatando barrios "perdidos" y comercios tradicionales "olvidados", nos encontraremos cada vez más con una producción única de un lugar específico del mundo y con una mayor variedad de productos locales y no replicables, muchos de ellos hechos a mano, por ende con una mejor calidad y con una dedicación distinta.
Un buen ejemplo de esta práctica es el Barrio Italia en Santiago de Chile. Comprando allí, además de conectarnos con nuestros productos y lo que consumimos -desde el lado del consumidor- también muchas personas retomarían oficios manuales en muchos ámbitos, como la zapatería, mueblería, pintura, cerámica, etc., para finalmente ser felices trabajando: Por más alucinante que pueda ser apretar un botón e imprimir un florero, no es igual de gratificante que recolectar tierras y sedimentos para elaborar tu propio barro y con tus propias manos hacer uno. De una forma está relacionado justamente con la valoración y retribución de otras cosas más allá del dinero. (Braulio Tapia,@panbatido)
Comida local fresca
Aún más interesante es el nivel en que las medidas y proyectos de barrios comerciales podrían ayudar en la recuperación de nuestro medioambiente. Podrían ser los cultivos de comida urbana y orgánica los que ocupen todo el espacio vacío que dejarían los lugares de estacionamientos que usamos para llegar y estacionar en los centros comerciales, y el hecho de tener comida local fresca creciendo en nuestros barrios contribuirá a un ambiente mucho más saludable. En términos de sostenibilidad, es insuperable generar productos y cultivar alimentos en nuestros barrios o ciudad, e incluso en nuestro propio jardín, esos son los estándares de oro absolutos de las emisiones de carbono.


Afortunadamente, en Chile ya existen iniciativas como estas que surgieron en la pandemia, una de estas es el primer invernadero de emergencia en la población Bajos de Mena. Que con la ayuda de la Fundación Huertas Comunitarias, lograron crear un proyecto que nace como complemento alimentario a las ollas comunes por la crisis sanitaria y que buscó impactar a comunidades vulnerables dándoles un espacio que no solo fue efectivo en este periodo de pandemia sino que cambió para siempre la forma de alimentarse y convivir con la tierra a los habitantes del sector.

Primer invernadero de emergencia en la población Bajos de Mena, Santiago de Chile https://www.latercera.com/masdeco/noble-cosecha/
Igual de importante es la conciencia del consumidor que esto nos ayuda a generar y reflexionar en lo poco sostenible que hemos estado haciendo las cosas, y a entender que somos una "generación consentida", sorprendiéndonos de la distancia que viajan nuestros productos y alimentos para satisfacer algunos de nuestros caprichos, donde en la mayoría de los países, la cantidad de un mismo producto que se importa, es la misma de la que se exporta. O que un pescado en Noruega vuele a China para ser fileteado y luego vuele de vuelta a Oslo para ser vendido. Probablemente en algunos años, las nuevas generaciones mirarán hacia atrás a nuestra economía insostenible y no comprenderán nada de lo que estábamos haciendo con nuestras emisiones de carbono.
Probablemente volvamos a consumir lo que está de temporada y priorizar la calidad por sobre el capricho del momento, con emprendimientos como Newen Farmers que recolectan y reparten las mejores frutas de la zona, de producción local y sin agrotóxicos que dañen a la salud de las personas y sus ecosistemas.
Ciudad de 15 minutos
Otra medida alternativa para democratizar la ciudad y recuperar el barrio comercial es la “Ciudad de 15 minutos”. Iniciativa que consiste en que cada persona —al salir por la puerta de su casa— pueda acceder en su entorno a todo lo que requiere, busca y disfruta en un lapso de 15 minutos caminando o en bicicleta. Formando micro-centros que tendrían claras ventajas para el bienestar territorial y la vida de barrio, la consolidación del comercio de escala local y el acceso a espacios de áreas verdes y esparcimiento.
Esta proximidad permite promover la movilidad activa más saludable, reducir tiempos de viaje, costos, emisiones contaminantes y, finalmente, fortalecer los vínculos comunitarios.

De hecho, en EE.UU. y Europa se ha demostrado que las actividades comerciales se ven favorecidas al incorporar vías alternativas de transporte como la ciclovía. Esto permite que las personas disfruten del recorrido, vean lo que hay alrededor, se acerquen a los negocios, se detengan y compren. Una dinámica simple que entrega un impulso directo a los pequeños comercios, especialmente a aquellos que se vieron afectados por la pandemia y la crisis económica global. Al mismo tiempo, representa una oportunidad para los emprendedores locales, que pueden crecer en un entorno más accesible y conectado con su comunidad.
Pero este concepto de retail no es tan nuevo como parece. Los promotores de los centros comerciales hace años intentaron crear una propuesta similar a la ciudad de 15 minutos en el intento de reformulación de sus formatos. Un buen ejemplo son las propuestas de la Calle Principal o neo-villages, intentos del siglo XXI de recrear pequeños pueblos comerciales. Estos centros hacen todo lo posible por parecer comunidades, que finalmente son un engaño. La idea es imitar los comercios antiguos, un mismo edificio y la vivienda del propietario encima de la tienda, una especie de Disneyland del comercio.
Paco Underhill ya nos hablaba hace más de una década sobre este intento de integrar un concepto similar a la ciudad de 15 minutos, concluyendo que casi todas estas propuestas para el futuro comparten una misma cosa:
“Gente andando por pavimentos concretos y calles de asfalto, con baches de verdad y al aire libre, expuestos al viento, a la lluvia, al frío y al calor, y a todo el resto. En cierta forma, es un centro comercial sin techo. Pero puede haber una diferencia fundamental: quitar el techo puede ser lo único que haga falta para liberar la compra y hacer que sea real. Después de haber pasado tanto tiempo dentro, soportando el aire acondicionado, poder oír el agradable sonido de los pájaros... Hay algo poético en todo esto, ¿no? El centro comercial era demasiado hermético para nuestro gusto. Esta tendencia renueva mi fe en la humanidad.”
En fin, me parece que estos últimos años han sido una gran oportunidad para repensar nuestra forma de comprar y recordarnos, como diseñadores de espacios comerciales y retailers, que debemos pasar más tiempo estudiando los comportamientos y la psicología de los consumidores, colocando a las personas como centro de la toma de decisiones en el diseño de espacios comerciales. “Cuando el hombre no es la medida, algo está mal” (Bendersky, en CA, 1977).
De este modo, se trata de pasar menos tiempo satisfaciendo un concepto económico que solo busca “tiendas bonitas” y rentables, enfocadas más en el automóvil que en el peatón, y pasar más tiempo diseñando para las personas. Quizás también implique menos horas frente a la pantalla y al Autocad, y más horas en el propio espacio comercial, observando cómo se comportan esos animales fascinantes y complejos para los que diseñamos: los humanos.
Pero no todo está perdido. En Chile poco a poco surgen propuestas de metamall —con intentos de volver al espíritu de su protomall— que buscan integrarse mejor a la ciudad y ofrecer experiencias más humanas, con un aire de barrio. Algunos ejemplos son Casa Costanera, que logra abrirse de cierta forma a la manzana, y mi favorito: el MUT (Mercado Urbano Tobalaba). Este último es tan singular que merece un artículo completo dedicado a su propuesta. Y lo tendrá.
Joaquín Acevedo, Director Creativo de Pizarra Studio.
Diseñador de espacios comerciales, convencido de que podemos construir ciudades más generosas, redefiniendo al sector a través de un diseño holístico, sostenible y socialmente responsable.
Bibliografía:
Underhill, P. (2004). El Placer de Comprar. Gestión 2000.
Hardwick, J. (2003). Mall Maker: Victor Gruen, Architect of an American Dream . University of Pennsylvania Press.
De Simone, L (2015). Metamall, espacio urbano y consumo en la ciudad neoliberal chilena. RiL editores.
Underhill, P. (2002). Por qué compramos, la ciencia del shopping. Gestión 2000.
Raworth, K. (2018). Economía Rosquilla. Paidós
Gameau, D. (2019). 2040 . Australia.
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